El Dr. Huníades Urbina Medina, médico pediatra intensivista, presidente de la Academia Nacional de Medicina y director de la Escuela de Medicina Vargas de la UVC, participó en la II Jornada Científica de Actualización en Pediatría y Puericultura, organizada por el Seguro de La Guaira, donde presentó una ponencia sobre cetoacidosis diabética en pediatría.
El especialista resaltó la importancia del reconocimiento temprano de esta complicación, lo cual solo se pudo lograr a través de una educación adecuada dirigida a los pacientes, sus familias y la comunidad en general. “Fue preocupante ver a adolescentes ignorando cómo inyectarse insulina debido a la falta de información en las escuelas; esto puede llevar a situaciones graves”, explicó.
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Informó que en el país había aproximadamente 1.200 pacientes pediátricos diagnosticados con diabetes. Este número alarmante subrayó la necesidad urgente de asistencia médica y educacional para estos jóvenes.
“Es esencial que las familias reciba educación sobre esta condición, ya que no es simplemente una enfermedad; es una condición con la que los pacientes vivirían toda su vida”, destacó Urbina.
También hizo hincapié en el programa de los primeros 1.000 días promovido por las Naciones Unidas, que aboga por la prevención desde la concepción hasta los tres años, enfatizando la importancia de la lactancia materna como “indiscutiblemente el mejor alimento” para un desarrollo saludable. “Si un individuo nace con un déficit congénito, no hay mucho que se pueda hacer. Sin embargo, si se lleva una alimentación adecuada durante la infancia, se reducía significativamente el riesgo de desarrollar enfermedades no transmisibles como diabetes, hipertensión y cardiopatías”.
El especialista advirtió que la diabetes en adolescentes, siempre que no fuera hereditaria, esta estrechamente relacionada con factores como obesidad, hipertensión y sedentarismo. Por lo tanto, es fundamental implementar programas adecuados de ejercicio físico que vayan más allá de las clases deportivas regulares. “La combinación de actividad física regular y una dieta sana y equilibrada pudo disminuir considerablemente el riesgo de padecer estas enfermedades”.
«Cuando no hay un control adecuado y los pacientes no cumplen con su tratamiento, pueden experimentar descompensaciones severas», explicó. “Parte de nuestro trabajo es educar tanto a los pacientes como a los médicos para que puedan reconocer estos síntomas a tiempo y evitar complicaciones más severas”, concluyó Urbina.




