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Control Prenatal: Un Pilar Fundamental para la Salud de Madre e Hijo

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El control prenatal es una piedra angular para asegurar un embarazo saludable y minimizar los riesgos tanto para la madre como para el bebé. Así lo enfatizó el ginecólogo y obstetra Dr. Jesús Gessen en recientes declaraciones, destacando que este seguimiento médico debería idealmente comenzar incluso antes de la concepción, en una etapa preconcepcional, para preparar el cuerpo y mitigar posibles complicaciones.

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Según el Dr. Gessen, la planificación ideal de un embarazo debería comenzar incluso antes de la concepción, en una etapa preconcepcional. «Prepararnos siempre para minimizar y mitigar los riesgos que pudiera tener un embarazo», afirmó el médico, destacando la prevención como el primer paso en este camino vital.

El primer trimestre: Una etapa crítica

Una vez confirmado el embarazo, el Dr. Gessen subraya la necesidad de iniciar el control prenatal de forma inmediata, prestando especial atención a las primeras 13 semanas de gestación. Este periodo es «tan delicado y tan complejo», explicó, porque es el momento en que se está formando el embrión, haciéndolo más vulnerable a malformaciones o lesiones.

Durante este primer trimestre, el control médico es exhaustivo. Se prescriben las vitaminas y medicamentos esenciales, se tratan posibles infecciones y se realizan exámenes de laboratorio cruciales para descartar enfermedades infectocontagiosas como la sífilis, toxoplasmosis o rubéola. Además, se efectúa un ecotomorfológico o morfogenético del primer trimestre, una ecografía fundamental para evaluar el desarrollo inicial del bebé.

Beneficios innegables del seguimiento regular

El control prenatal se estructura en tres trimestres, y en cada uno se buscan indicadores específicos para la detección temprana de cualquier anomalía. Entre los beneficios más importantes de este seguimiento regular, el Dr. Gessen destacó la detección temprana de irregularidades, lo que permite identificar y abordar a tiempo cualquier complicación. También es crucial para la clasificación del embarazo, ayudando a determinar si es de bajo o alto riesgo. Los embarazos de alto riesgo, como los de pacientes con hipertensión o diabetes preexistente, requieren un seguimiento más frecuente e intensivo. En definitiva, el monitoreo constante de la salud de la madre y el bebé reduce significativamente la probabilidad de complicaciones, contribuyendo a la minimización de riesgos.

La frecuencia de las visitas prenatales varía: para los embarazos de bajo riesgo, se recomienda una consulta cada cuatro semanas, mientras que para los de alto riesgo, la frecuencia se incrementa a cada dos o tres semanas, dependiendo de la patología específica.

Una responsabilidad compartida

El Dr. Gessen hizo un llamado a la concienciación, enfatizando que la responsabilidad del control prenatal es compartida. «Tanto el cuerpo médico que debe dar la educación, la información adecuada al paciente, como el paciente que debe no solamente quedarse con esa información, sino ejecutarla», afirmó. La omisión de estos controles y exámenes deja a la embarazada «vulnerable para que haya cualquier evento o alguna complicación durante el embarazo».

En este sentido, el especialista recalcó que muchas de las situaciones lamentables que se presentan en el ámbito de la obstetricia podrían haberse evitado con un «simple control y una simple regularidad en las consultas».

 

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