La Quinta Azuleja es una emblemática edificación construida a finales del siglo XX como un palacete para Marco Aurelio Gómez, hijo de Juan Vicente Gómez, en Macuto, una zona popular, bastante concurrida por caraqueños para veranear, por su cercanía al mar y el entorno verde con abundante vegetación y árboles frutales que lo rodeaban.
Tras la muerte del presidente Gómez, esta y otras propiedades, pasaron a ser del estado. En 1948, el presidente Rogelio Gallego destinó el inmueble a una escuela náutica, convirtiéndose en residencia para estudiantes, hasta que en 1958 se inauguró la sede de la misma institución, con una categoría de la Universidad Marítima del Caribe.
Posteriormente, el inmueble pasó a manos del Ministerio de Defensa y fue utilizado como geriátrico, antes de ser cedido al Instituto de Oficiales Retirados de las Fuerzas Armadas (IORFAN) en 1989.
Con el deslave de 1999, las actividades en el inmueble disminuyeron drásticamente, llevándolo a su actual estado de deterioro. A pesar de ser declarado como un atractivo de interés cultural en 2005, el inmueble continúa siendo objeto de abandono.
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Según Abilio de Oliveira, Antropólogo y Coordinador General de la Oficina para la conservación del Patrimonio Cultural y Natural del Municipio, en 2018, estudiantes de la Universidad Marítima del Caribe propuso convertir esta edificación en un museo náutico que honrara la historia de la escuela náutica; sin embargo, hasta la fecha no se ha concretado esta iniciativa debido a la falta de coordinación.
“Entonces es un inmueble que es de suma importancia, de suma relevancia, donde todo el mundo tiene que abocarse a su recuperación. Eso sí, tomando en cuenta todas las normas pertinentes a lo que es un proceso de restauración, por lo que ese inmueble significa, ya que es único. No hay otro inmueble en la región y menos en Venezuela con esas características”, comentó Oliveira.
De acuerdo con el antropólogo, el turismo se basa en función de los atractivos, y «esta es una edificación que individualmente es un atractivo y siendo restaurada, mayor afluencia de visitantes pudieran tener como opción Macuto”.
Para Abilio, la conservación y restauración de estas y otras estructuras que forman parte del patrimonio cultural son invaluables. Es fundamental recuperar estos espacios y asegurarse de que las nuevas generaciones conozcan su historia y significado.
«Esta propiedad, se encuentran básicamente a la espera de que se concrete algún proyecto que involucre su restauración», finalizó De Oliveira.






