Para Ysrael Yriarte, el arte es una extensión de su alma, un profundo amor por Naiguatá, su pueblo natal. Con 40 años de trayectoria, este artista no solo pinta y esculpe, sino que guarda y transmite la historia y las tradiciones de su comunidad.
Nacido y criado en esta tierra rica en historia y manifestaciones culturales —desde Los Diablos hasta San Juan y La Sardina— Ysrael ha visto cómo el modernismo y las influencias foráneas amenazan la pureza de estas tradiciones. «Es inevitable que entren nuevos elementos», comenta, «pero hay que cuidar de que no se note tanto. Como en Los Diablos, se ve mucho la influencia del cine, y se pierde la génesis de la manifestación». Su arte, por tanto, se convierte en un acto de resistencia y preservación.

Una Trayectoria polifacética: del escenario al taller
La trayectoria de Ysrael es tan diversa como su arte. Con 40 años dedicados al oficio, su formación es impresionante: estudió en los talleres del Museo Jacobo Borges, es magíster en cultura y ha profundizado en arte y dramaturgia. Pero antes de dedicarse por completo a las artes plásticas, Ysrael forjó una destacada carrera como actor profesional, participando en producciones de RCTV y dirigiendo obras de teatro. Esta faceta actoral le otorgó una sensibilidad única para la expresión y la narrativa, elementos que hoy se entrelazan en sus creaciones visuales. «Toda esa experiencia, ese dominio de la expresión y la narrativa, se ha fusionado con mi trabajo artístico», explica.
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Su versatilidad como artista es asombrosa. Ysrael no se encasilla en una sola técnica o estilo; se define como ecléctico. Sus obras abarcan desde paisajes figurativos, tanto urbanos como marinos, hasta composiciones abstractas. Trabaja con maestría la talla en madera, el hierro y el mármol, demostrando una preparación técnica impecable. Sus más de 40 exposiciones y su participación en Bienales representando a La Guaira son testimonio de su reconocimiento en el circuito artístico, con obras que se encuentran en colecciones alrededor del mundo.

Obras que cuentan historias y dejan huella
Entre sus creaciones más emblemáticas, Ysrael recuerda la «Mariposa Celeste», una obra para la Universidad Simón Bolívar que la tragedia de Vargas se llevó, pero que vive en la memoria y la fotografía. También es el autor del monolito que se erige en la plaza de Naiguatá, una obra que data de hace casi 30 años y que, a pesar de su significado, a veces no recibe el reconocimiento merecido en su propia comunidad. «Es lamentable que uno haya nacido aquí y la gente no valore lo que tú haces», expresa con un dejo de dolor. Otra pieza destacada es un «unicornio» para la Universidad del Zulia, La Luz, que es un símbolo emblemático en esa institución.
Actualmente, Ysrael trabaja en piezas de pequeño formato, auténticos souvenirs cubistas que capturan la esencia de las tradiciones de Naiguatá, como la festividad de Los Diablos, perfectas para los turistas que visitan su taller.
Cuidar el legado y fomentar la pasión
Más allá de su prolífica producción artística, Iriarte es un incansable investigador y un educador. Ha presentado ensayos científicos y sigue formándose, siempre con el objetivo de «dejarle al futuro, a los jóvenes, una referencia». Su mensaje es claro y resuena con pasión: anima a los padres a apoyar a sus hijos con inquietudes artísticas, a no reprimir su creatividad, pues «el arte es una cosa maravillosa, te libera».
A los jóvenes de Naiguatá, les insta a «que cada quien coja su camino, lo que les guste, que vuelen». Y al pueblo en general, les dirige un mensaje. «Que cuide y valore su legado. Porque para llegar aquí hubo mucha gente que dejó su vida, que dejó su trabajo plasmado para que esto fuera una realidad y que no se puede perder».





