En la calle uno del barrio San Antonio de Naiguatá, reside una mujer cuyo nombre es sinónimo de pasión, dedicación y formación en el béisbol venezolano. A sus 76 años, Mercedes de García es una leyenda viva, una mentora incansable que, por más de tres décadas, ha sido el alma de los Criollitos de Venezuela en el Litoral Central y la fundadora del emblemático equipo «Pelahuesitos».
La historia de Mercedes en el béisbol es una de esas narraciones inspiradoras que nacen del amor y la observación. Su incursión en este deporte comenzó acompañando a su hijo a las prácticas. Sin embargo, lo que observó no siempre le gustó: notó debilidades en la conducta de los pequeños, una falta de orden y orientación. Fue entonces cuando su espíritu emprendedor la impulsó a actuar. Decidió tomar las riendas y dar vida a «Pelahuesitos», un equipo de béisbol menor que se convertiría en su mayor legado.
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Por las manos de Mercedes han pasado incontables talentos, muchos de los cuales hoy brillan en el béisbol nacional e internacional. Con orgullo, nombra a figuras como Edgmer Escalona, Daniel Mayora, Aroon Escobar, el prometedor César Acosta, quien recientemente se sumó a las ligas de Estados Unidos, entre otros.
La pasión que trasciende las barreras
Desde hace tres años, una fractura de cadera le impide caminar con facilidad, una condición agravada por episodios epilépticos que la han llevado a sufrir dos accidentes cerebrovasculares (ACV). Sin embargo, esto no la detiene. «Yo lo que hago es hablar», dice con una sonrisa, reflejando su inquebrantable espíritu. Mercedes sigue asistiendo a los partidos de su equipo, aportando su voz, su experiencia y, como ella misma confiesa entre risas, «formando chaperucos».
Su energía y amor por el béisbol han sido contagiosos. Sus hijos, nietos y bisnietos han heredado esta pasión, asegurando que el legado de Mercedes continúe en una región que es, por excelencia, cuna de grandes peloteros.
Disciplina, anécdotas y un corazón inmenso
Cuando se le pregunta sobre cómo inculca disciplina, Mercedes es clara y directa y le dice a los niños. «Si quieres batear, pórtate bien, tú te portas bien, tú bateas; si no te portas bien, no bateas», explica, aunque rápidamente aclara que la labor formativa recae principalmente en los técnicos del equipo.
“Lo que más disfruto del trabajo es ver a los niños correr, celebrar sus victorias y, sobre todo, orientarlos y enseñarles a manejar sus caracteres fuertes”.
Los desafíos han sido numerosos a lo largo de los años. Mercedes recuerda con una mezcla de emoción y humor los momentos vividas en los campeonatos nacionales: desde la dificultad de asegurar la alimentación y el alojamiento de los niños, hasta anécdotas como dormir con técnicos y jugadores en una misma habitación o quedar varados en Anaco con todo el equipo.
«Uno pasa trabajo, ¿oíste?», afirma, pero inmediatamente añade: «Son anécdotas bien bonitas, bien bonitas, bien bonitas», reconociendo que cada dificultad ha sido una valiosa lección.
Un legado que inspira y continúa
El nombre de «Pelahuesitos» tiene su propia historia. Nació cuando Luis Iriarte, a quien Mercedes atribuye el verdadero origen del equipo, le pidió que escogiera una franela y, al hacerlo, la declaró fundadora del equipo. Hoy, Mercedes anhela que este legado continúe en manos de personas responsables.
Se siente orgullosa de contar con el apoyo de colaboradores como Manuel Orduñe y Darwin Castillo, quienes, junto a su propia familia, aseguran que la antorcha del béisbol menor en La Guaira siga encendida.
