Los orígenes de Macuto se remontan al siglo XVIII, cuando la aldea de Guaicamacuto fue transformada en un pueblo de pescadores gracias a los esfuerzos de autoridades coloniales y locales. Su nombre proviene del cacique indígena Guaicamacuto, quien jugó un papel fundamental en la historia de la región.
A lo largo de los años, Macuto ha sido un centro de actividad económica y cultural, convirtiéndose así en uno de los destinos favoritos de propios y turistas. Sin embargo, este conserva un valor que trasciende lo turístico, ya que posee un rico patrimonio histórico y arquitectónico como el hotel Miramar, la casa de Armando Reverón, la escuela de música Pablo Castellano y “La Crestera”, una mansión construida en 1889 por Joaquín Crespo como obsequio a su esposa Doña Jacinta.
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Residentes de larga data como Raúl Pichardo y César González, compartieron su afecto por la parroquia con parte de nuestro equipo, apropósito de la fecha, resaltando la belleza natural del lugar, su gentilicio y sus tradiciones, como las fiestas macuteñas y eventos culturales que en su momento atrajo a artistas como Eduardo Serrano, Los Melódicos, La Dimensión Latina y Héctor Cabrera.
“A Macuto no lo cambio por nada, porque es un sitio muy agradable, es muy bello, sereno y la gente es muy jovial”, comentó Pichardo, quien reside en la parroquia tras llegar del oriente del país, en 1998, un año antes de la tragedia de Vargas, “decidí quedarme aquí y terminar mi vida aquí”, añadió.
De este modo lugareños mantienen el deseo de que el espacio sea reciba un poco de cariño por parte de las autoridades para que continúe siendo un lugar para el disfrute, como lo es desde hace 284 años.
