En medio de la cotidianidad de la parroquia Caraballeda, en Valle del Pino, se teje una historia de persistencia y lucha diaria. Jonathan José Guillen Mayora, un hombre de 40 años nativo de esta tierra, ha enfrentado más de tres décadas viviendo en situación de calle. Su actual hogar son los cubículos abandonados en la entrada de la comunidad, un espacio cedido por los vecinos.
Padre de tres hijos que residen con su madre en Los Cocos de Caribe, Jonathan relata su travesía desde temprana edad: “A los 8 años tomé la decisión de dejar mi hogar para no ver sufrir a mi madre por mis malos pasos”.
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“Desde entonces, he encontrado sustento reciclando plástico, cobre e hierro, y recibiendo la solidaridad de los vecinos, quienes me proveen alimentos básicos como harina y arroz para mantener a mi familia”, expresa Guillen Mayora.
A pesar de las circunstancias adversas, Jonathan resalta el apoyo de su familia que vive en la zona, quienes lo visitan y lo ayudan en la medida de sus posibilidades. Con mirada sincera, expresa su deseo de una vida más digna: “Si por algún milagro se me permitiera abandonar este lugar, no sería para ir a otro sitio, sino para elevarme un poco más y mejorar mi situación. No deseo continuar así”.
Jonathan también compartió un mensaje con aquellos que se encuentran en circunstancias similares: “Desde lo más profundo de mi experiencia en la calle y la adversidad, animo a todos a buscar una mano amiga, una guía divina que los saque de la oscuridad y las dificultades que enfrentan. Es hora de alzar la vista y buscar la ayuda que nos acompañe en el camino hacia una vida mejor”.
Compromiso con el entorno
La entrada de este sector se encontraba anteriormente repleta de desechos; sin embargo, desde la llegada de Guillen, el espacio ha mejorado notablemente. Aun sin contar con las herramientas adecuadas para dicho trabajo, él se ha dedicado a mantenerlo limpio. “Necesito herramientas como escobas y machetes para mantener más limpia la zona”, concluye.
