Jaider Olivera es un emprendedor guaireño que, con esfuerzo y dedicación, convirtió su negocio de agua de coco y pulpa en una forma de salir adelante y apoyar a su familia.
“Lo más complicado es la mente”, dice Jaider mientras se prepara para atender a su clientela. Detalla que aunque la situación está dura, hay que seguir adelante. “No podemos quedarnos esperando que las cosas mejoren. Hay que moverse y buscar soluciones”, afirma.
Padre de tres hijas, Jaider cuenta con el apoyo constante de su esposa. “Sin ella, no estaría aquí. Ella es mi pilar”, expresa, mostrando cómo el amor y el trabajo en equipo son fundamentales en su vida. Cada día se esfuerza por brindarles un futuro mejor. “Quiero que mis hijas tengan acceso a una buena educación. Es la base para que puedan construir sus propios sueños”, añadió.
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En su pequeño local, ubicado en la esquina caliente de Tanaguarena, ofrece productos de coco. “Aquí la gente no valora lo que tenemos; en otros países, hasta la cáscara se utiliza para hacer abono”, comenta con orgullo. Su sueño es crear una empresa que aproveche esos recursos, convencido de que hay mucho por hacer.
Jaider se destaca por su dedicación. “No tengo horario. Estoy aquí siempre, listo para atender a quien necesite”, dice.





