Desde la madrugada del pasado lunes, las playas del litoral central se encuentran con un fuerte oleaje, lo cual ocasionó que las autoridades locales cerraran temporalmente el acceso al público como medida preventiva.
Las playas Alibabá, Anare, El Yate, Las Salinas y Bahía La Marina son algunas de las más afectadas, con visibles daños materiales. Esta situación ha generado un impacto directo en la economía de los trabajadores informales y comerciantes que dependen de la actividad turística para su sustento diario.
En la playa Bahía de los Niños se encuentra el kiosco “El Sazón de la Bahía”, donde Alex Mujica, empleado del establecimiento, indicó que el lunes en horas de la mañana comenzó la formación de grandes olas. “El domingo estaba tranquilo, pero el lunes amaneció todo movido. A partir de las cuatro de la tarde llegó el patrullaje policial para empezar a desalojar a la gente”, explicó. Mujica confirmó que las ventas se han visto afectadas entre lunes y martes, perjudicando tanto a los kioscos de comida como a los tolderos. “Vivimos del día a”día, agregó.
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La playa permanece cerrada al público, aunque los kioscos continúan con las puertas abiertas para atender a turistas que deseen consumir alimentos o comprar otro tipo de mercancía. “Nos dijeron que la playa estaba cerrada. Lo único que puede permanecer son los kioscos abiertos”, señaló Mujica.
Jesús Landaeta, prestador de servicios en las playas “A” y “B” de Macuto, también reportó afectaciones. “Trabajo aquí limpiando y soy toldero. El fuerte oleaje comenzó el lunes a las cinco de la mañana, incluso desde Playa Naiguatá”, indicó. Landaeta destacó que las playas donde se gana la vida se han mantenido con un oleaje medianamente fuerte en comparación con otras. Además, atribuye el fenómeno al cambio de luna, el cambio climático y la crecida de ríos como Galipán, Quince Letras y Nuevo Mundo.
La actividad de los tolderos fue suspendida debido al riesgo que el oleaje representa para los visitantes. “Nos hemos visto afectados porque no puede llegar clientela. Si hay fuerte oleaje, no se pueden meter las personas en la orilla porque puede suceder cualquier cosa”, advirtió. En palabras de Landaeta, los días de semana suelen recibir aproximadamente 50 personas, mientras que los fines de semana la afluencia es mayor. Actualmente, la presencia de turistas es nula.
Los organismos de seguridad se mantienen monitoreando, realizando recorridos constantes para verificar el estado de las playas y evitar el ingreso de personas. “Ellos están pendientes, a cada rato pasan para ver si hay gente. Verifican cómo está la playa y si hay personas en zonas peligrosas”, afirmó.





