A pocas horas de celebrarse la canonización del doctor José Gregorio Hernández y la madre Carmen Rendiles, la emoción y la fe se respiran en cada rincón del Santuario José Gregorio Hernández, ubicado en el urbanismo Hugo Chávez de Playa Grande, parroquia Urimare.
Entre rezos, flores y promesas cumplidas, los feligreses comparten historias de esperanza y gratitud hacia quien consideran su intercesor y protector.
Yajaira Marín, una de las devotas más activas de la comunidad, relató con orgullo cómo su gente trabajó unida para levantar el santuario que hoy congrega a decenas de creyentes.
“Soy devota desde toda la vida. Los padres nos enseñan y luego se lo transmitimos a los niños. Uno siempre debe tener fe, ya que es el milagro más fuerte. Fe, y pedirle cualquier cosa”, expresó con voz emocionada.
La fe, transmitida de generación en generación, también ha sido un refugio para muchos.
Mireya Pantoja, otra fiel seguidora, recordó que su devoción comenzó en la infancia y se fortaleció tras superar una grave enfermedad.
“Mis padres me inculcaron la devoción a José Gregorio Hernández. Estoy bien agradecida con él, ya que tuve un problema de salud muy grande. Me encomendé a él y mi salud mejoró bastante. Dios ante todo, y estoy segura de que intercedió por mí para que me curara. Aquí estoy, sirviéndole a él y a Dios, hasta que así lo disponga”, compartió con lágrimas de gratitud.
Entre los testimonios también se escucha el de Elsa Hernández, quien atribuye a la intercesión del “Médico de los Pobres” la recuperación de su hermano, diagnosticado con cáncer de estómago.
“Soy devota de José Gregorio Hernández desde que nací, y mucho más cuando a mi hermano lo operaron de cáncer. Me aferré tanto a José Gregorio… los médicos luego dijeron que no necesitaba ningún tratamiento. Desde entonces mi devoción es mucho mayor”, contó con profunda emoción.
En el santuario, las historias se entrelazan con los cantos y las oraciones. Angélica Padrón, sacristana del templo, asegura que cada día son más los que llegan movidos por la fe.
“Hemos tenido experiencias maravillosas. Recibimos a personas que nos visitan desde todo el país, por promesa o por devoción. Desde los bisabuelos hasta las nuevas generaciones, hemos sido testigos de muchos testimonios de salud que el doctor José Gregorio Hernández ha devuelto”, afirmó.
A pocas horas de su canonización, el fervor por el “Beato del Pueblo” se hace sentir con más fuerza que nunca. En Playa Grande, las velas, las flores y las plegarias se funden en una misma voz de agradecimiento y esperanza: una fe que sana, une y perdura.




