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La dura realidad de un maestro olvidado

Después de una vida dedicada a formar generaciones desde las aulas y a servir al país, Edgar Tadino, de 75 años, enfrenta hoy una dura realidad. Enfermo, en situación de abandono y en medio de un conflicto vecinal, este respetado profesional ve amenazado su último refugio, su propio hogar, y clama por ayuda desde la soledad.

La enfermedad ocular le arrebató a Edgar, hace solo tres años, su vida como profesor en la Universidad Marítima del Caribe. Con 75 años, su visión está muy limitada, un reflejo del abandono que ahora enfrenta. Sin hijos que lo cuiden, su apartamento, comprado con su trabajo hace 40 años, está descuidado. Comer y asearse se han vuelto tareas titánicas, imposibles de llevar a cabo sin ayuda permanente.

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En medio de la penumbra que rodea a Edgar, un rayo de luz se llama Emilia Tadino. Su hermana, una enfermera jubilada y profesora de la Unefa, quien a pesar de su propia edad avanzada, carga con la pesada tarea de cuidarlo. «Lidiar con Edgar a diario no es fácil», admite Emilia con franqueza, revelando la enorme carga física y emocional que implica la atención constante que su hermano necesita, una demanda que ella, por sus propias limitaciones de salud y edad, simplemente no puede cubrir por completo.

Tadino estaba en el piso sin poder levantarse cuando el equipo llegó a visitarlo

Un pasado de servicio, un presente de desamparo

Resulta irónico que un hombre que dedicó gran parte de su vida a ayudar a otros, hoy se encuentre en tal desamparo. Edgar, con la voz entrecortada por la emoción, recuerda sus años mozos, cuando fungió como aduanero y extendió su mano a innumerables personas. «Ayudé a muchos», murmura, con la tristeza de ver que, en su momento de mayor necesidad, esa ayuda no le es retribuida. Su único apoyo, además de su hermana, es Roberto Lugo, un exalumno que, movido por la gratitud y el respeto hacia quien fue un «gran ejemplo» para él, ha decidido asistirlo.

El fantasma del desalojo

Pero la adversidad de Edgar no se limita a su salud. Una amenaza constante pende sobre su cabeza, el riesgo de perder su apartamento. La junta de condominio de las Residencias Atlántida, donde Edgar reside en el primer piso, ha convertido su condición en una «incomodidad».

Las visitas que recibe, ya de por sí escasas, han sido arbitrariamente restringidas a solo tres días a la semana, bajo el argumento de supuestas «irregularidades» en el edificio a causa de Edgar y la falta de pago de sus cuotas de condominio.

El docente mientras estaba en su casa, pasaba hasta 4 días sin comer

“Ellos quieren mi apartamento porque es el más grande. Yo no tengo la culpa de que cuando compré en el año 1985, compré caro y uno de los más grandes, pero ellos compraron los apartamentos pequeñitos, ahora quieren el mío», asegura Tadino.

Emilia, con impotencia, relata cómo la junta ha establecido este horario de visitas de forma irregular, ignorando la crítica situación económica de su hermano. Edgar, que solo percibe bonos, apenas logra cubrir sus necesidades básicas de alimentación, haciendo imposible que se ponga al día con las deudas del condominio.

Un legado académico y profesional innegable

Edgar Tadino fue el primer guaireño egresado como licenciado en su área de la Escuela de Hacienda a los 24 años. Durante dieciséis años, se desempeñó como jefe de valoración de la Aduana Aérea, una posición de gran responsabilidad. Su vocación por la enseñanza lo llevó a las aulas de instituciones de renombre como la Guardia Nacional Bolivariana, la Unefa, la Universidad Simón Bolívar y, finalmente, la Universidad Marítima del Caribe, donde dejó una huella imborrable en generaciones de estudiantes.

“Lo que más recuerdo es el trabajo, era amante del trabajo, lo disfrutaba. Yo aplicaba muchas cosas, hacía deporte, yo tenía el patinaje como un deporte, patinaba de aquí a Tanaguarena y regresaba».

Edgar no puede valerse por sí mismo. Su necesidad de asistencia es crítica, como se demostró cuando, el equipo periodístico llegó a casa de su hermana mientras ella no estaba, fue encontrado en el suelo, sin poder levantarse.

Para su movilidad, requiere indispensablemente una andadera o silla de ruedas. Trágicamente, la escasez de dinero le impide acceder a estos soportes esenciales, e incluso a vestimenta básica.

Quienes deseen colaborar con Edgar pueden contactar a Roberto Lugo, su exalumno, quien ha puesto a disposición su número de teléfono 0412/940-2306.

Así se encuentra su apartamento en Residencias Atlántida

 

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