Carlos Sánchez es un hombre que dedica su vida a salvar la de otros desde 1981, cuando finalizó su formación como guardavidas en el Puerto de La Guaira. Desde entonces, con una profunda vocación por el servicio y la seguridad, dedica sus días a proteger a los bañistas en las playas de la región.
Desde que era un niño, Carlos soñaba con ser bombero para salvar vidas, carrera que ejerció durante una temporada; sin embargo, cuando las circunstancias le impidieron continuar ese camino, encontró su vocación en el salvamento acuático.
“Cada vez que pierdo una vida es como si estuviera perdiendo un hijo, me pongo a llorar, paso el día melancólico, porque ver a una persona ahogada es bastante triste”, compartió, destacando que precisamente por esto insiste tanto a las personas a tener prudencia, “el que no tenga prudencia se puede ahogar”, añadió.
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Ser salvavidas es un oficio que no está exento de retos. Cada vez que una persona se ahoga en sus manos, siente como si perdiera un hijo, dolor que lo impulsa a seguir luchando por la seguridad de los demás. Con este sentimiento recuerda a un joven que fue arrebatado de sus brazos mientras intentaba salvarlo por la marea y el mal tiempo que había ese día.
Carlos se define como un cristiano que «rescata almas para Dios» y al mismo tiempo «rescata almas para que no se ahoguen». Su labor va más allá de la vigilancia y el rescate, ya que busca prevenir tragedias educando a la gente sobre la seguridad en la playa.
Actualmente, se encuentra al pendiente de cualquier novedad en Playa Catamare, donde hace vida todos los días y es reconocido con bastante cariño por parte de los visitantes por su trabajo.
De este modo, invita a las personas a tener prudencia a la hora de entrar al mar, para evitar cualquier tipo de accidente, y les recuerda que la responsabilidad de la seguridad es compartida.




