Ángel Ramón Pereda, un hombre de 71 años residente de La Pedrera, parroquia Carlos Soublette, lleva consigo una historia de lucha que se remonta a sus nueve meses de vida. Las secuelas de la poliomielitis han marcado su existencia, relegándolo a pasar la última década en la soledad de una pequeña habitación alquilada, donde su única compañía es la silla de ruedas que se ha convertido en su fiel testigo.
Atrapado entre cuatro paredes en un reducido y desprovisto espacio, Pereda se enfrenta a la crudeza de su realidad. La ausencia de una nevera agrava su situación, obligándolo a almacenar el queso en precarios envases de plástico para preservarlo. Cada jornada supone un desafío constante para salvaguardar sus alimentos, ideando ingeniosas soluciones para contrarrestar las adversidades impuestas por su entorno.
Aislado, con únicamente la compañía de un televisor y la bondad de sus vecinos como escudo, Ángel encuentra en gestos esporádicos de solidaridad un destello de esperanza en su existencia. Sus escasos ingresos provenientes de la pensión y bonos apenas logran cubrir los gastos más básicos, limitándose al alquiler de su precario refugio y a la adquisición de medicinas indispensables.
Además, su hermano se convierte en un pilar fundamental para su supervivencia, brindándole constante atención. Ángel también ha recurrido a las autoridades locales en busca de asistencia, quienes recientemente le facilitaron una silla de ruedas. No obstante, lamenta la mala calidad del aparato: «Recibí una silla, pero resultó ser de pésima calidad. En poco tiempo ya se encuentra completamente deteriorada».
También te puede interesar: La lucha diaria de Jonathan para superar la adversidad de la calle
Durante más de una década, Ángel dedicó su vida al servicio público en la Alcaldía del Municipio, entregándose con fervor hasta donde su cuerpo le permitía. Añora con nostalgia aquellos tiempos en los que, a pesar de sus limitaciones físicas, hallaba en su trabajo una motivación para iniciar cada día, percibiendo que su labor trascendía su propia existencia.
«Antes podía caminar gracias a un aparato que usaba en el pie y unas muletas, pero con el paso del tiempo he tenido que usar una silla de ruedas porque ya no puedo estabilizarme para mover las muletas. Así es como me encuentro ahora», expresó. «Lo único que deseo es encontrar un lugar donde pueda pasar mis últimos años de forma más tranquila y cómoda», añadió el hombre de 71 años.
A pesar de su difícil situación, Ángel se esfuerza por mantener una sonrisa en el rostro. Sin embargo, su mayor anhelo es contar con la asistencia que le permita mejorar su calidad de vida. Sueña con un hogar donde pueda transitar «los últimos años de su camino» con mayor confort y protección. Para colaborar o brindar apoyo, puede comunicarse al siguiente número: 04122319084.






