Entre la fábrica “Vencemos” y el Parador Turístico Playa Chévere de Catia La Mar, se esconde la realidad de Mariángel Jackelyne Chirapa Marcano, quien desde hace cinco años vive en condiciones precarias, en una vivienda improvisada hecha con cartón, madera y telas.
Junto a su hogar, yace una quebrada que amenaza constantemente su salud debido a los malos olores que emana. A escasos metros también se encuentra el mar, cuya corriente genera temor en esta madre de 40 años, quien decidió viajar desde Valencia en busca de un cambio de vida, pero, a su juicio, la suerte no le ha sonreído.
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“A veces tengo que retirarme hacia atrás con los perritos para evitar que el agua nos alcance. Yo no quiero estar viviendo ya en esta situación, la quebrada a veces está crecida, el mar se mete para allá también, entonces es un peligro”, relató.
Chirapa Marcano es madre de seis hijos —tres varones y tres hembras—, quienes actualmente están bajo el cuidado de su padre en Caracas, a excepción de una de ellas, mayor de edad, que ya vive con su pareja.
Hasta ahora, Mariángel sobrevive gracias a la venta de ropa usada, artesanías y el pescado que le proporcionan los pescadores que frecuentan la zona en la que vive. Contó que ha recibido visitas de funcionarios de seguridad quienes la han orientado sobre dónde dirigirse para conseguir ayuda; sin embargo, esa asistencia no ha llegado a través de los entes gubernamentales. “Necesito una ayuda real, porque ya no puedo seguir viviendo en estas condiciones”, expresó.

Relató además que anteriormente se encontraba detrás del terminal de Catia La Mar, de donde fue retirada con la opción de reubicarse más adelante, sin evaluar el riesgo que representaba el lugar donde finalmente se instaló.
Mariángel, quien asegura contar con un curso básico de peluquería y que en un momento esto le permitió tener un empleo, relata que actualmente se le ha complicado conseguir un trabajo digno en cualquier área. “He ido a varios sitios, pero no me brindan la oportunidad, siempre me dicen que el personal ya está completo”.
En su solitaria existencia, los cachorros se han convertido en la compañía más fiel de Mariángel. Cuenta con más de tres, y son ellos quienes la acompañan noche y día, avisándole ante cualquier intruso que se acerque a su vivienda o incluso si el mar se torna peligroso.





