InicioEspecialesFrancis Díaz Inocencia: Manos que Sostienen, Corazón que Lucha

Francis Díaz Inocencia: Manos que Sostienen, Corazón que Lucha

En la calle 17 de la urbanización Los Corales, reside Francis Díaz Inocencia, una mujer de 46 años cuyo nombre resuena con la fuerza de una guerrera incansable. Madre soltera de seis hijos, Francis ha forjado su camino en la vida con una determinación que rompe estereotipos y desafía los límites, demostrando que la capacidad de salir adelante no entiende de género ni de circunstancias.

«Desde muy joven me vi en la necesidad de sacar a adelante a mis hijos», comparte Francis con una mezcla de nostalgia y orgullo. Su vida ha sido un constante desafío, obligándola a «realizar cualquier tipo de labor» para asegurar el sustento de su familia. «He hecho de todo un poquito», relata, recordando sus inicios mucho antes de cumplir los veinte años. «Realicé trabajos de gran esfuerzo físico, los cuales yo misma califiqué como ‘trabajos de hombre’, como cargar hierro y botar escombros».

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Hoy, con 46 años, Francis sigue al pie del cañón. Su jornada laboral comienza al amanecer, y su sustento proviene de una labor que demanda fortaleza física y perseverancia: la extracción de arena del río. «Hoy en día, Francis tiene a su cargo a una hija menor, razón por la cual desde bien temprano se va al río a buscar una manera de subsistir», se describe su rutina. Con más de 30 sacos extraídos diariamente, cada uno representa un paso más para mantener a flote a su hogar.

La responsabilidad de Francis no se limita a su hija menor. «Además, contribuyo activamente en la crianza de tres nietos y algunos sobrinos», revela.

Entre lágrimas, esta «luchadora inquebrantable», como ella misma se define, confiesa una aspiración sencilla, un anhelo de un respiro. «A veces me da pena porque parezco un hombre, mira las manos», dice, mostrando con un gesto la evidencia de años de trabajo arduo. Sus manos callosas y su piel curtida son el testimonio vivo de su entrega.

«Me gustaría tener un día para mí, sin tener que trabajar, en el que me consientan, pueda ponerme bonita y me arreglen las uñas». Es el deseo de un instante de cuidado personal, un momento robado a la fatiga para sentirse mujer, para ser atendida después de tanto dar./JAM

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