En la comunidad de Tanaguarena reside una mujer que a sus 68 años ha dedicado su vida a tocar el cuatro, un instrumento emblemático de la cultura venezolana, quien proviene de una familia con una fuerte tradición musical, su nombre es Haidee Francisca Iriarte, una mujer llena de pasión por la música.

Desde muy pequeña sentía una atracción por los instrumentos, ya que veía a su hermano y su padre, el reconocido maestro Guillermo Ruiz, mientras que él daba clases a ella cada vez le interesaban más; sin embargo, su padre pensaba este tipo de arte no era para las mujeres “siempre sentí una atracción por eso, pero mi papá decía que eso no era para las hembras” comentó.

Iriarte relata que a los nueve años, su madre Carmen Iriarte, al ver la pasión de su hija, la apoyó en su sueño, ya que a escondidas de su padre, le enseñaba a tocar el cuatro. “Mi mamá me sentaba en un banquito y me decía: siéntate ahí, el cuatro me tapaba de lo pequeña que yo era”, expresó.

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No solo aprendió a tocar el cuatro, sino que lo hizo con una maestría excepcional. A pesar de ser zurda, adaptó su técnica para tocar el instrumento que se ejecuta con la mano derecha. “Aprendí a tocar el cuatro a lo zurdo, sin cambiarle las curdas, sino cambiar los tonos y hacerlos al revés”.

Haidee recordó su primera presentación pública fue a los once años, “mi primera ejecución era Brisas del Zulia y recuerdo con Belina una amiga de la alcabala vieja me dijo que tocara en el conjunto de aguinaldo y cuando me preguntaron que qué aguinaldo me sabía yo les dije Brisa de Zulia todos se rieron, todos gozaron y entonces mi papá cuando se dio cuenta de que yo tocaba se puso muy bravo” contó que su padre le preguntó que si realmente quería ser músico, seguido a esto el padre le comenzó a dar clases y así aprendió más a fondo sobre la música.

Entre sus anécdotas comentó que cuando estaba en el colegio le comenzó a dar clases de música a sus maestras “yo le daba clases de cuatro a mis maestras, recuerdo que el profesor de música me dejaba encargada, me dejaba hasta la llave entonces yo abría una vez a la semana que eran las clases de música y era la que le daba las clases de lo básico a los muchachos” relató

Esta cultora ha dedicado su vida a compartir su amor por la música con los demás, tocando así en diversos lugares del estado como Calle Nueva, como también ha impartido clases de cuatro a niños y jóvenes, buscando transmitirles su pasión y valores. Iriarte ha brindado servicio social a través de cortes de cabellos a personas de la calle debido a que estudio en el Inces.

“Ser cultora es un don”

Además de ser músico, Haidee explicó que es instrumentista, como también pintora y cantante compositora, “yo siento que ser cultor es un don que Dios me ha regalado y le doy gracias para poder expresar muchas cosas con este arte”.