Hace 77 años, nació en el pueblo de La Sabana, Otilia Bolívar, una mujer que desde su niñez se ha dedicado a preservar y transmitir la cultura de la región. Así fue como a la edad de siete años, ya participaba en actividades culturales como cantar villancicos en la iglesia católica y parrandas con sus compañeros de escuela.

Bolívar recuerda con nostalgia su infancia en La Sabana, cuando las calles eran de tierra y las casas se iluminaban con luz de gasoil o kerosene. En ese entonces, la cultura popular era el eje central de la vida comunitaria, y ella se sentía profundamente conectada a ella.

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A lo largo de su vida, participó en diversas manifestaciones culturales de la región, como los tambores, la Cruz de Mayo, los Santos Inocentes y las parrandas navideñas. Ha formado parte de agrupaciones como Sentir Sabanero, Voces de Pueblo y recientemente con Alegria de la Sabana, como también ha colaborado con otros cultores para difundir la riqueza cultural de Caruao entre los cuales Lorenza, Gerónima (La Niño) y el profesor Florencio Pantoja apodado como el negrito.

Para Otilia, ser un cultor es algo más que tocar un tambor o cantar una canción. Se trata de una forma de vida que abarca la totalidad del ser humano. “La cultura es amplia”, afirma, “cada quien tiene su propia cultura. Para mí, la cultura lo es todo”. Ella cree que la cultura y la religión están estrechamente relacionadas, y que ambas son esenciales para el desarrollo de la comunidad. “No hay religión sin cultura, y no hay cultura sin religión”, asegura.

Otilia se siente orgullosa de ser cultora de su pueblo, y está comprometida con la transmisión de sus tradiciones a las nuevas generaciones. “Todos somos cultores”, dice, “todos aprendemos de la cultura, vamos a dársela a los niños, a los jóvenes, al que viene, al que nos visita”. Su mensaje es claro, la cultura es un patrimonio invaluable que debemos cuidar y proteger, es un elemento fundamental de nuestra identidad, y nos conecta con nuestras raíces y con nuestro pasado.

Por: Maximiliano Rumbos

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